(Fuente: hystrionica)
Desde que mi padre se fue he fantaseado innumerables veces con irme a vivir con él. Hoy, ante el hecho de esa posibilidad inminente, estoy aterrada. Mi padre vive en otra ciudad, absolutamente todo lo que conozco esta aquí, mi madre es mi confidente y mejor amiga, mi familia esta aquí. Todo seria absolutamente diferente si me mudo.
Mi madre es amor, es risas y platicas, comida en casa, con ese sabor de hogar, mi mamá es un amor inamovible. Vivimos en una casa pequeña, mi mamá trabaja y mi hermano y yo vamos a la escuela, ella nos da todo, no hay nada que esa mujer no nos de. Mi madre es apoyo incondicional. Vivir con mi mamá es ayudar todos un poco con los quehaceres de la casa, ella da el dinero pero nosotros ayudamos a hacer de comer, a limpiar, a lavar, a todo.
Mi padre en cambio es obediencia, es protección, también pláticas pero más serias, mi padre no es todo amor. Mi padre es una orden en el acto, es su palabra y la de nadie más cuando ordena. Con mi papá no existe la comida con sabor de hogar, él es restaurantes, mi padre no sale si no hay coche. En casa de mi padre yo no muevo un dedo, ni siquiera tiendo mi cama, mi padre prefiere darnos dinero antes que perder un poco de su tiempo con nosotros. Él dice que ya viví muchos años con mi mamá que ahora tengo que vivir con él, pero seria completamente distinto, él viaja mucho, su casa es casi impersonal; él no es un hombre de muchas palabras, de muchos sentimientos.
Yo los amo a ambos, y claro, con él todo es más cómodo, me siento como “una princesa”, pero ¿Puedo vivir sin el amor, sin el calor de mi mamá?
“Nada hay más fugaz que la forma exterior,
que se marchita y se altera
como las flores del campo cuando llega el otoño.”
Puedo ser todo menos superficial. Toda mi vida he tratado de luchar contra mi superficialidad, muchas veces sin éxito alguno, otras tantas con mejores resultados de los que pensaba. No me agrada la idea de vivir superficialmente, hay que sentir. Siempre he tratado de ser yo, de expresarme lo más sinceramente posible, de no ir junto con toda la gente. No ando a la moda, mientras la ropa sea cómoda yo feliz, eso no quiere decir que soy fodonga, no, pero no soy de esas mujeres que se vacían la botella de perfume, o que compran maquillaje por kilo, que andan en tacones aunque ya no “aguanten los pies”, soy algo más sencilla, me agrada la simpleza. Es que la mujer que yo admiro es hermosa pero jamás superficial, es inteligente, valiente, independiente, y nunca se inventa.
No me miro al espejo como quien se mira y admira su belleza, me miro esperando poder ver un poco de lo que soy, de lo que quiero ser, nunca quiero ser solo el físico, no quiero depender de apariencias jamás
“Me voy a casar”. Las palabras sonaban todavía en la cabeza de Evelyn, no podía creer lo que estaba escuchando, Iván le había hablado hace una semanas después de casi dos años de no verlo, él había sido su amor de preparatoria y habían estado juntos en la universidad, al graduarse ella le había dicho que debían formalizar las cosas, que ya no podía seguir siendo solo su noviecita, él dijo que no, que aun no estaba listo y acabo todo; ella se fue lejos para poder iniciar algo nuevo sin él pero siempre con la esperanza de que él volvería, y hace una semana él había vuelto. ¿Para qué había vuelto? Su explicación había sido que quería que se enterara por él y no por alguien más, y que como ella había sido alguien importante para él quería decírselo en persona. Las palabras seguían sonando en la cabeza de Evelyn pero su corazón había empezado a latir cada vez más fuerte, como si quisiera callar el sonido de las palabras con su latido, no podía moverse y los ojos se le estaban empezando a llenar de lágrimas; de repente se paro, no dijo nada, solo era un impulso, se paro y se fue, iba más a prisa de lo normal, él salió corriendo atrás de ella, ella traía coche pero salió de la cafetería en dirección a la estación de tren que estaba a no más de cinco minutos, no sabia muy bien que estaba haciendo, la línea no llegaba a su casa, llegaba a la antigua casa de sus padres, a la preparatoria y a la universidad, era ilógico, lo ultimo que deseaban era visitar esos lugares tan llenos de él, iba corriendo, Iván iba atrás y le gritaba que se detuviera, era una suerte que no se hubiera puesto tacones ese día, pensó, era buena atleta y corría lo bastante rápido como para que él no pudiera alcanzarla.
Ya estaba en la estación, se detuvo, la gente la miraba como si nunca hubieran visto a nadie correr, llego Iván, se veía fatigado.
-¿Qué te sucede? ¡Corriste como si se te fuera la vida en ello!- ella no respondió. -Ev, se que es una gran noticia pero lo que tuvimos termino hace mucho y…
-¡Cállate! ¡No quiero escucharte, no quiero oír tu voz, y no me vuelvas a decir “Ev”!
-Por favor, deja de gritar, vámonos de aquí, te llevo a casa y si quieres charlamos en el camino.
-NO. No voy a callarme, ¡no quiero! Y no necesito que me lleves, tengo coche ¡lárgate!
-Evelyn, no pensé que fueras a reaccionar así, yo solo quería darte la noticia en persona, no solo fuiste mi pareja, también eras mi mejor amiga, vamos a hablar, tranquilízate, deja que te lleve.
-No- ella volteo, el tren ya venia, sonrió- No vas a tener que preocuparte de nuevo…
Todo termino.
Apenas si puedo recordarte como en realidad eras, la imagen que hay en mi cabeza es una mezcla de lo que fuiste y mi imaginación. Me cuentan que me compraste una cajita de madera y la llenaste de pelotitas de plástico de diferentes tamaños y colores, que me comprabas canicas también de diferentes tamaños y colores y que todo lo que yo pedía tú me lo dabas, que me regalabas dejecitos como el de la bailarina que hoy traigo puesto, me cuidabas, tu me bañabas y me dabas de comer, me enseñaste a caminar y la primer palabra que dije fue tu nombre, Lety.
Me llevabas a pasear y fui “tu niña” muchos años, quizá siempre lo fui, lo sigo siendo, me llamabas en mi cumpleaños y siempre me preguntabas si traía puesta mi bailarina, es absurdo pero casi no me la pongo por miedo a que me la roben, recuerdo tu cabello agarrado con “cucas” como tú les decías.
Me contaron también que cuando me corte la cara te espantaste mucho, no me acuerdo, no te preocupes, no me quedo cicatriz. Te extraño y soy incapaz de entrar a la que fue tu casa, seguramente lloraría, el día que te fuiste, cuando me avisaron no podía creerlo, y me sentí tan mal; ya no había ido a verte y ya jamás lo haré, no te había hablado por teléfono, aun me arrepiento, aun te extraño, aun te quiero, te amo.
Tú estas allí, casi puedo tocarte, escucho tu voz nítida, veo tu cara como si fuera real, te puedo sentir abrazándome y me acurruco para sentirte más tiempo.
También puedo sentir cuando corro, puedo sentir cuando escapo de algo o alguien y el miedo también es casi tangible, me da calor o frio dependiendo el clima. Puedo sentir el coraje y la alegría, lo estoy viviendo, es real, parece real…
No es así, despierto y no se donde estoy, me toma unos minutos darme cuenta que sigo acostada, que es de noche y nada de lo acabo de soñar, de pensar es cierto, pero podría jurar que estaba despierta.
¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por…
Quizás cuando menos te lo esperes te viene la felicidad sin buscarla o te dan la puñalada por la espalda, quizás cuanto mas ganas tengas de sonreír la vida te sorprende y te hace llorar, o cuando mas ganas tengas de llorar te vuelve a sorprender y te hace sonreír.