Abril 2012
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Marzo 2012
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Desde que mi padre se fue he fantaseado innumerables veces con irme a vivir con él. Hoy, ante el hecho de esa posibilidad inminente, estoy aterrada. Mi padre vive en otra ciudad, absolutamente todo lo que conozco esta aquí, mi madre es mi confidente y mejor amiga, mi familia esta aquí. Todo seria absolutamente diferente si me mudo.
Mi madre es amor, es risas y platicas, comida en casa, con ese sabor de hogar, mi mamá es un amor inamovible. Vivimos en una casa pequeña, mi mamá trabaja y mi hermano y yo vamos a la escuela, ella nos da todo, no hay nada que esa mujer no nos de. Mi madre es apoyo incondicional. Vivir con mi mamá es ayudar todos un poco con los quehaceres de la casa, ella da el dinero pero nosotros ayudamos a hacer de comer, a limpiar, a lavar, a todo.
Mi padre en cambio es obediencia, es protección, también pláticas pero más serias, mi padre no es todo amor. Mi padre es una orden en el acto, es su palabra y la de nadie más cuando ordena. Con mi papá no existe la comida con sabor de hogar, él es restaurantes, mi padre no sale si no hay coche. En casa de mi padre yo no muevo un dedo, ni siquiera tiendo mi cama, mi padre prefiere darnos dinero antes que perder un poco de su tiempo con nosotros. Él dice que ya viví muchos años con mi mamá que ahora tengo que vivir con él, pero seria completamente distinto, él viaja mucho, su casa es casi impersonal; él no es un hombre de muchas palabras, de muchos sentimientos.
Yo los amo a ambos, y claro, con él todo es más cómodo, me siento como “una princesa”, pero ¿Puedo vivir sin el amor, sin el calor de mi mamá?
“Nada hay más fugaz que la forma exterior,
que se marchita y se altera
como las flores del campo cuando llega el otoño.”
Puedo ser todo menos superficial. Toda mi vida he tratado de luchar contra mi superficialidad, muchas veces sin éxito alguno, otras tantas con mejores resultados de los que pensaba. No me agrada la idea de vivir superficialmente, hay que sentir. Siempre he tratado de ser yo, de expresarme lo más sinceramente posible, de no ir junto con toda la gente. No ando a la moda, mientras la ropa sea cómoda yo feliz, eso no quiere decir que soy fodonga, no, pero no soy de esas mujeres que se vacían la botella de perfume, o que compran maquillaje por kilo, que andan en tacones aunque ya no “aguanten los pies”, soy algo más sencilla, me agrada la simpleza. Es que la mujer que yo admiro es hermosa pero jamás superficial, es inteligente, valiente, independiente, y nunca se inventa.
No me miro al espejo como quien se mira y admira su belleza, me miro esperando poder ver un poco de lo que soy, de lo que quiero ser, nunca quiero ser solo el físico, no quiero depender de apariencias jamás
“Me voy a casar”. Las palabras sonaban todavía en la cabeza de Evelyn, no podía creer lo que estaba escuchando, Iván le había hablado hace una semanas después de casi dos años de no verlo, él había sido su amor de preparatoria y habían estado juntos en la universidad, al graduarse ella le había dicho que debían formalizar las cosas, que ya no podía seguir siendo solo su noviecita, él dijo que no, que aun no estaba listo y acabo todo; ella se fue lejos para poder iniciar algo nuevo sin él pero siempre con la esperanza de que él volvería, y hace una semana él había vuelto. ¿Para qué había vuelto? Su explicación había sido que quería que se enterara por él y no por alguien más, y que como ella había sido alguien importante para él quería decírselo en persona. Las palabras seguían sonando en la cabeza de Evelyn pero su corazón había empezado a latir cada vez más fuerte, como si quisiera callar el sonido de las palabras con su latido, no podía moverse y los ojos se le estaban empezando a llenar de lágrimas; de repente se paro, no dijo nada, solo era un impulso, se paro y se fue, iba más a prisa de lo normal, él salió corriendo atrás de ella, ella traía coche pero salió de la cafetería en dirección a la estación de tren que estaba a no más de cinco minutos, no sabia muy bien que estaba haciendo, la línea no llegaba a su casa, llegaba a la antigua casa de sus padres, a la preparatoria y a la universidad, era ilógico, lo ultimo que deseaban era visitar esos lugares tan llenos de él, iba corriendo, Iván iba atrás y le gritaba que se detuviera, era una suerte que no se hubiera puesto tacones ese día, pensó, era buena atleta y corría lo bastante rápido como para que él no pudiera alcanzarla.
Ya estaba en la estación, se detuvo, la gente la miraba como si nunca hubieran visto a nadie correr, llego Iván, se veía fatigado.
-¿Qué te sucede? ¡Corriste como si se te fuera la vida en ello!- ella no respondió. -Ev, se que es una gran noticia pero lo que tuvimos termino hace mucho y…
-¡Cállate! ¡No quiero escucharte, no quiero oír tu voz, y no me vuelvas a decir “Ev”!
-Por favor, deja de gritar, vámonos de aquí, te llevo a casa y si quieres charlamos en el camino.
-NO. No voy a callarme, ¡no quiero! Y no necesito que me lleves, tengo coche ¡lárgate!
-Evelyn, no pensé que fueras a reaccionar así, yo solo quería darte la noticia en persona, no solo fuiste mi pareja, también eras mi mejor amiga, vamos a hablar, tranquilízate, deja que te lleve.
-No- ella volteo, el tren ya venia, sonrió- No vas a tener que preocuparte de nuevo…
Todo termino.
Apenas si puedo recordarte como en realidad eras, la imagen que hay en mi cabeza es una mezcla de lo que fuiste y mi imaginación. Me cuentan que me compraste una cajita de madera y la llenaste de pelotitas de plástico de diferentes tamaños y colores, que me comprabas canicas también de diferentes tamaños y colores y que todo lo que yo pedía tú me lo dabas, que me regalabas dejecitos como el de la bailarina que hoy traigo puesto, me cuidabas, tu me bañabas y me dabas de comer, me enseñaste a caminar y la primer palabra que dije fue tu nombre, Lety.
Me llevabas a pasear y fui “tu niña” muchos años, quizá siempre lo fui, lo sigo siendo, me llamabas en mi cumpleaños y siempre me preguntabas si traía puesta mi bailarina, es absurdo pero casi no me la pongo por miedo a que me la roben, recuerdo tu cabello agarrado con “cucas” como tú les decías.
Me contaron también que cuando me corte la cara te espantaste mucho, no me acuerdo, no te preocupes, no me quedo cicatriz. Te extraño y soy incapaz de entrar a la que fue tu casa, seguramente lloraría, el día que te fuiste, cuando me avisaron no podía creerlo, y me sentí tan mal; ya no había ido a verte y ya jamás lo haré, no te había hablado por teléfono, aun me arrepiento, aun te extraño, aun te quiero, te amo.
Tú estas allí, casi puedo tocarte, escucho tu voz nítida, veo tu cara como si fuera real, te puedo sentir abrazándome y me acurruco para sentirte más tiempo.
También puedo sentir cuando corro, puedo sentir cuando escapo de algo o alguien y el miedo también es casi tangible, me da calor o frio dependiendo el clima. Puedo sentir el coraje y la alegría, lo estoy viviendo, es real, parece real…
No es así, despierto y no se donde estoy, me toma unos minutos darme cuenta que sigo acostada, que es de noche y nada de lo acabo de soñar, de pensar es cierto, pero podría jurar que estaba despierta.
¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por…
Quizás cuando menos te lo esperes te viene la felicidad sin buscarla o te dan la puñalada por la espalda, quizás cuanto mas ganas tengas de sonreír la vida te sorprende y te hace llorar, o cuando mas ganas tengas de llorar te vuelve a sorprender y te hace sonreír.
Tengo un sueño recurrente, en el estoy en el descanso de las escaleras, vestida totalmente de blanco, y todo a mi alrededor es blanco también excepto el vacio atrás de mí, que es de un negro intenso; todo brilla demasiado y yo solo estoy allí parada, de repente alguien me habla, la voz viene de atrás de mí, cuando yo volteo no veo a nadie y un miedo irracional me invade y caigo. Estoy allí tirada en el suelo, no me puedo mover y despierto de un sobresalto.
Este sueño es el más común, pero hay por lo menos otros 2 en los que igual caigo y antes de eso ya soy presa de un miedo irracional.
I.
Tal vez me dan miedo las caídas porque a los 4 años todo mi mundo (aunque pequeño a ese edad) se cayó, mi papá se fue, o fuimos mi mamá y yo, no lo se… Tal vez es que el hombre que debía protegerme me dejo caer sin importarle nada.
II.
Toda mi vida he dejado caer en cuantas cosas creo, si me resulta complicado las dejo ir, y quizá me da miedo esa caída en mi sueño y después ya no puedo moverme porque después de que dejo lo que se me complica de más, a veces ya no hay vuelta atrás, a veces, ya no puedo hacer nada para remediar esa caída
Febrero 2012
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No recuerdo la primera vez que la vi, seguramente era igual de hermosa que ahora. Imagino su cara, su sonrisa al verme por primera vez. Allí estuvo y ha estado ella desde que recuerdo (y desde que no también), allí estaba enseñándome ha hablar, a caminar, cuidando que no me cayera en mis primeros pasos, deteniéndome. Siempre ha sido tan fuerte, tan inteligente. Ella siempre ha cuidado que no sufriera, me enseño todo lo que se, lo bueno que soy (poco o mucho) lo aprendí de ella. Recuerdo las noches en las que dormía agarrada de su mano, cuando me cantaba hasta que me dormía o me contaba algún cuento igual hasta dormir. Recuerdo también las veces en que hemos platicado, reído, jugado.
Tus risas son mis risas y tus miedos son mi temor, aquí has estado desde siempre para mí y aquí voy a estar siempre para ti. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, mamá.
Allí estaba ella, era su día, todo era perfecto. Las mesas estabas impecables, los manteles tal como ella quería, la vajilla estaba espectacular y las copas y vasos se veían también relucientes, todo parecía perfecto, habían podado el pasto y el lugar tenia ese olor a naturaleza que ella amaba, el agua en la alberca era diáfana y el azul del cielo no podía ser mejor. Allí estaba ella, la habitación era enorme e increíblemente iluminada; no se había visto en el espejo pero todas le decían que se veía realmente hermosa, espectacular. Ella se asomo desde el balcón, el calor del sol la abrazo, todo había estado saliendo bien. Llego la hora, todas se alistaron, se vieron en el espejo y ella por fin se armo de valor para pararse frente a ese pedazo de vidrio y verse, no se reconoció, frente a ella estaba una mujer de piel hermosa, unos enormes y hermosos ojos cafés, una bella mujer cuyos labios tenían dibujada la más hermosa de las sonrisas que ella jamás había visto, le pareció que el vestido se veía incluso aun mejor en ella que en el maniquí de la boutique, allí estaba, todo estaba listo, incluida ella; salieron de la habitación, y bajaron despacio, estaba tan nerviosa, su papá la esperaba al final de las escaleras, se asombro al verla, la beso en la mejilla y le dijo que estaba orgulloso de ella, que era una mujer realmente hermosa.
Llego, todos la veían, le sonreían, pero él no estaba ahí parado esperándola, él no estaba ahí mirándola como todos los demás -¿Por qué nadie le dijo que él no había llegado? Ella hubiera esperado un poco más en la habitación.- Pensó mientras caminaba, le dijeron que esperara, que había trafico, que tal vez estaba muy nervioso, espero; de pronto todos ya estaban susurrando y en su cabeza ella escuchaba los chismes, las burlas “la dejo plantada en el altar”, ya había pasado demasiado tiempo, ella quiso esperar un poco más, y otro poco, -“quizá ya venga”, “tal vez esta por llegar”- se decía, no, él jamás llego…
Había que soltarte para que me pudieras soltar, no quería, ¿cómo soltarte? ¡Imposible! No, no lo fue, y es que ¿cómo olvidar tus besos o las palabras? En realidad, ya no estaban, tu voz ya no sonaba en mi cabeza al recordar lo que en otro momento dijeras y yo me aferraba a seguir escuchando alguna canción que en otro tiempo me hiciera extrañarte en demasía, pero ya no, ya no dolía, pero en mi mente debía doler, debía doler tu recuerdo y ahora yo me aferraba a que doliera, es que quería sentirte, me acostumbre a sentirte con dolor, a recordarte con más tristeza de la que debiera ser capaz de sentir cualquier persona.
Y me acordaba de ti, y te imaginaba junto a mí, siempre a mi derecha, (no se porque) y trataba de imaginar tu sonrisa mientras en mi cabeza intentaba recrear el sonido de tu risa, ya no pude. Un día tuve que dejarte ir, tenia que soltar tu recuerdo para que a su vez tu recuerdo me soltara a mí. Y deje ir tu sonrisa, tu cabello, tus manos, tus ojos, y deje de tratar de recordar el sonido de tu voz y de tu risa que tanto ame en otro tiempo. Perdone tus mentiras e indiferencias y me perdone a mi misma por nosotros.
Y ahora, ya no te imagino a mi lado derecho, ni intento recordar el sonido de tu risa. Ya se que a donde vaya, ya no vas a estar…
“Escribir es dialogar con los ausentes”, pero yo no tengo ausentes, dialogo con la parte que se queda conmigo de las personas que se van, para mi no están ausentes si aun puedo sentirlas cuando mis recuerdos las evocan. Pero sí escribo para defender la soledad, y es que cuando alguien se va, la parte de mi que amaba a ese alguien se queda sola, y es la que llora y extraña, y también es la que muere de pronto un día sin que me de cuenta, y de repente ya no extraño.
Tal vez, por eso estoy escribiendo esto ahora, porque me acabo de dar cuenta que ya no extraño a alguien, que la nostalgia que sentía al recordarme junto a él ya se fue, que las canciones que me hablaban de él ya no me dicen nada que me lo recuerde y que mi anhelo de verlo otra vez ya se fue, es extraño recordarlo y no sentir esa melancolía que siempre venia con su recuerdo. Tenia que plasmarlo, es casi histórico en mi vida, me ha costado casi un año ganarle al sentimiento por él y por fin lo logre. Pero estaba hablando de los ausentes, de a quien le escribo, por qué escribo…
Escribo para no gritar, es para no llorar, escribir es como respirar profundo, es como tragarme todas las nostalgias, es decirle a la gente todo lo que no le dije, sin importar si lo leen o no, escribo para no quedarme con las palabras atoradas en la garganta. A veces, las palabras se me atoran en la garganta, como aquella vez que se me atoro un “te quiero” y ya nunca lo dije; y es que rara vez le digo a las personas que las amo o las quiero, cuando lo digo siento que las palabras me salen como vomitadas, como si en realidad se negaran a salir del todo, jamás me he atrevido a preguntarle a alguien si suenan así, yo solo le digo “te amo” a mis papas y a mi perro, pero es que es un amor sincero, natural y tengo la certeza de que ellos me aman a mí, en cambio las demás personas no, no se si sienten lo mismo por mí y escribo para decírselos aunque no lo sepan (suena absurdo). Pero a si es, escribo para mí, para ellos, escribo para no ahogarme en mi misma, quizá también para conocerme un poquito mejor, escribo para dejar de llorar, para poder dormir y que mi cabeza se calle un rato. Le escribo a mi soledad.
Mi padre es un hombre inteligente, de esos a los que no puedes engañar porque él invento el engaño, es uno de esos hombres a los que no puedes chantajear, pero como dije, él invento el engaño, así que cuando miente uno no se da cuenta en el momento, sino hasta después que ya no le importa encubrir su mentira y te dice la verdad.
Así han sido mis amores, es algo así como una parte del complejo de Electra, todos tienen similitud con mi padre, lo malo es, que la similitud no es buena, ellos se parecen a mi padre en que son graciosos, divertidos, interesantes, inteligentes, pero también mentirosos. Mi papá olvido enseñarme a alejarme de los mentirosos.
Y así empezó mi historia, o parte de ella, y la única vez que he encontrado a un hombre que no es así, me fui, lo engañe; él no era tan cabrón mentiroso y cínico como me gustan. ¿Eso entrara en alguna especie de masoquismo? Creo que sí.
Una vez alguien me dijo que era cursi de closet, creo que si…
Siempre le he dedicado canciones bonitas (o al menos a mi me lo parecen) a los hombres con los que he salido, jamás los he llamado osito o cuchurrumin pero si les digo amor, cariño, corazón y en alguna ocasión llame a alguien beibi, y luego lo pienso y es que siempre siento que me enamoro y que ahora si el tipo en cuestión es mejor que los anteriores y pienso en un nosotros, en un futuro, seguro todo eso se me pasa rápido, pero mientras yo ya imagine una parte de mi vida (o el resto de ella) junto a alguien, y luego se acaba la ilusión; el principio, los primeros meses, son amor y pasión y después todo eso se acaba y ellos se van, yo me voy, y se me deshacen todas las ilusiones y las fantasías, y me quedo ahí pensando que él tampoco era el indicado…
En algún momento de mi infancia que nunca llego, mis papas debían explicarme que todas esas películas de Disney son mera fantasía pero no, se les olvido. Y ahí estoy yo, imaginándome junto a un hombre, imaginando que me ama y al final, nada.
Y yo y mis mentirotas, “no creo en el amor”, “yo ni me he enamorado” ¡Ja! Pero si me he enamorado desde pre-primaria, y todavía me acuerdo de su nombre: Ricardo; después en 2º G., en 5º V., en secundaria solo uno Marky (él si merece ser nombrado) pero yo me sentía casada con el, y todo (estaba loca) y así sucesivamente, mi mamá y mi hermano dicen que cuando se me desvanecen las ilusiones hago drama y entonces yo les digo que no, que solo por J. he hecho drama y llorado, y ellos se ríen a carcajadas y me ven con cara de pobrecita.
Pero supongo que algún día encontrare al indicado, y voy a poder dedicarle una linda canción y no se ira, no me iré.